Llevaba algún tiempo tratando de sobrevivir en la jungla. Rodeada de aires tóxicos, lastrada por una situación que le había llevado a convertirse en su más mínima expresión. Alejada de la alegría y las ganas de hacer. Casi ajena a las dificultades de una situación global centrada en su propia pandemia particular. Acosada por el acomodo disfrazado de buenas intenciones. Con doble cara. Aguantando. Resistiendo. Tragando bilis y vomitando silencio. Aprendiendo. Eso sí. Siempre aprendiendo. Triste. Muy triste por un derroche de energía que no encajaba. Que sobraba. Que molestaba. Que irritaba. Era tiempo de decisiones. De decir adiós. De colgar en el armario lo que parecía un traje hecho a medida. De abandonar una pelea que no quería ganar porque con el triunfo perdía en dignidad. De retirarse en silencio a buscarse. Tiempo de volver a encontrarse. Pasó la tormenta y volvió la calma. Hubo quien pensó que tenía que haber dado pelea. Le consideraron una cobarde. Lo entendió. Quizás tenía que...